martes, 10 de abril de 2012

Esas sumas de pequeños detalles

"En la vida no existe el azar, sino los pequeños detalles", decía uno de los personajes en la obra Donka, una carta a Chéjov -obra que se presentó en el festival iberoamericano de teatro de Bogotá.  A pesar de ser una frase llamativa, no estoy de acuerdo con ella. O sí. O bueno, sólo en parte.  Comienzo con esta perogrullada: la vida es la suma de cosas que pasan.  Nosotros, como pasajeros -y producto- de aquél despelote, pues podemos lograr que algunas cosas pasen, y se sumen a otras, y así.  Pero por ahora quiero hacer referencia a aquello que se nos sale de las manos, y específicamente a esas coincidencias que no afectan, no cambian rumbos, pero que a mí me parecen maravillosas.


Un hombre en un ascensor.  Llega al primer piso y al abrirse la puerta es corneado por un toro.  Esta anécdota -que en realidad ocurrió- es un buen ejemplo de aquellas cosas que se nos salen de las manos.  Yo, particularmente, no creo que las creencias religiosas, el modo de ser optimista o pesimista del aquel señor, o su bondad o maldad hayan influido en la presencia del toro en ese momento dentro del lobby de ese edificio.  Existen coincidencias más alegres, por supuesto. Ganarse una lotería, o doblar una esquina y enamorarse.  Pero estas son esas sumas de "pequeños detalles" que cambian destinos, y que se ven todos los días, y que a mí, en este atardecer no me interesan.


Ahora me encuentro leyendo una novela del escritor samario Ramón Illán Bacca: La mujer barbuda.  En ella se menciona que una historiadora quiere saber si uno de los personajes de un antiguo diario que ha encontrado es nieto de Joseph Conrad.  Luego, ya en el diario, se presenta otro personaje de nombre Candelario Segundo, quien -en la obra- es sobrino del escritor Candelario Obeso.  Yo, que soy un lector distraído, me detuve un instante para buscar en mi biblioteca ese librito de Obeso Cantos populares de mi tierra porque sí, porque quería leer en voz alta alguno de esos cantos.  Mi intención se vio truncada por lo que vi al encontrar el libro.  He aquí el registro fotográfico de lo que encontré:


"¿Y?", pensará cualquiera...¡¿y?!, respondo yo.  Julio Cortázar en una entrevista hablaba de aquella vez que descubrió que las imágenes fotográficas pegadas, sin algún orden aparente, en el costado de uno de sus muebles se encontraban unidas por una sola línea que iba desde la parte de arriba hasta el piso; así, la línea que formaba un brazo en una foto, se unía con alguna rama de árbol de otra fotografía que le seguía, y bajaba por el tronco hasta llegar a la nube de la imagen más abajo, etc.  Un amigo me contó que en una madrugada mientras esperaba un bus, en la calle desierta, aparecieron de repente dos hombres que se dirigían hacia él caminando, uno desde el norte y otro desde el sur.  Los dos hombres se cruzaron exactamente al pasar frente a mi amigo.  Yo también soy cazador de azares.  Uno que recuerdo ahora es aquella vez en un café, en donde minutos después de leer la descripción de una mujer en alguna novela, se sentó frente a mí una joven que se asemejaba bastante a la del libro. 

Para mí, el azar se presenta como la suma de pequeños detalles que a veces se configuran de una manera tan singular, que es casi imposible que su manifestación pase desapercibida.  A veces en este juego de probabilidades se llega a un orden, y de estos son esos resultados diminutos los que a mí me cautivan y por los cuales me gusta estar atento, para estar entretenido entre tantos pequeños detalles en caos.